Engañar no es siempre la Clave

La mayoría de las personas en el mundo libre (y un pedazo grande de la parte no-libre del planeta) conocen la tira de cómic “Dilbert”. Durante una situación en particular, uno de siervos micromanaged de la compañía trataba de explicarle al PHB (Jefe con el pelo de punta).

El no atendía realmente, pero después de un rato de escuchar el charloteo de su subordinado, se dio cuenta de que aún no había asentido. Por supuesto, cuando finalmente decidió asentir, resulta que había aceptado por inadvertencia algo que le aseguraría el tipo de la seguridad en el empleo que disfrutaban los empleados de Enron.

Muchos jugadores de póquer se acercan engañando de una manera no muy diferente a la inteligente y débil Jefe del pelo de punta. Si no han mentido en un rato, sienten una presión no dicha de mentir para mantener todo en una especie de equilibrio kármico. Esto es simplemente una tontería. Engañar es una acción situacional que no debe tener nada que ver con un momento determinado ni con horarios.

La mayor parte de los principales jugadores en el mundo no son farsantes frecuentes. Ellos sólo lo harán cuando la situación se lo pide. Esta técnica no sólo otorga poder y legitimidad a sus verdades, sino que también evita que pierdan dinero a favor de los que no mienten que vienen de la escuela del pensamiento “llevo un rato sin asentir”.

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